22 de septiembre de 2011

El patrimonio intangible

Tenemos la tendencia innata de asociar la palabra patrimonio con algo material, con construcciones, con lugares determinados, con parajes históricos… No es del todo incierto, pero también existe un tipo de patrimonio formado en gran parte por elementos intangibles, por elementos no “palpables”. Ese patrimonio es el denominado patrimonio etnológico o patrimonio etnográfico.
Debemos de tener cuidado a la hora de clasificar los elementos que forman parte de este tipo de patrimonio, pues no todos son elementos intangibles, ya que podemos incluir la artesanía, las herramientas de trabajo de una determinada zona… y éstos son elementos tangibles.

Por un lado, el término patrimonio hace referencia a la herencia, al legado de nuestros ascendientes. Por otro lado, el término etnología hace referencia a los pueblos y a sus culturas, al análisis de la sociedad que integran esos pueblos… Haciendo una mezcla de ambos términos llegamos a la conclusión de que patrimonio etnológico hace referencia a la cultura y a los pueblos antepasados, a sus costumbres y tradiciones, a nuestras raíces.

El patrimonio etnológico se compone de una parte inmaterial (fiestas populares, folklore, gastronomía, costumbres, hábitos y muestras de vida…) y de una parte material (bienes muebles, como artesanía, aperos de labranza y utensilios; y bienes inmuebles, como molinos, secaderos o cualquier tipo de construcción vinculada a una determinada forma de vida).


Podemos incluir también como patrimonio etnológico y como bien a proteger, las lenguas de una determinada zona geográfica, como el silbo gomero (empleado para comunicarse en terrenos muy abruptos), las músicas regionales, sacras…
El problema surge de la complicada difusión de estos bienes intangibles, que es muy laboriosa y escasa, siendo a priori el medio escrito y el medio fotográfico los únicos medios posibles para registrarlo.

No nos olvidemos de hablar de los oficios que existían antiguamente o que existen actualmente luchando por permanecer, como son el pastoreo, la cestería, el soplado del vidrio… Tradicionalmente se han ido transmitiendo de generación en generación, de padres a hijos, pero debido a la despoblación paulatina de las zonas rurales y a la industrialización de materiales y procesos, esta herencia se ha ido perdiendo.


En los últimos años se han ido generando en torno a diversos pueblos españoles una especie de representación de oficios y costumbres que existían en siglos pasados. Son los denominados “mercados medievales” y, cierto es que generan unos recursos económicos considerables, sobre todo en zonas al borde del abandono, pero analizando lo que se nos muestra en este tipo de espectáculos podemos observar que los oficios que se exponen, por ejemplo, en un mercado medieval de un pueblo madrileño son exactamente los mismos que los de un pueblo andaluz, o asturiano.

Debemos dejar de lado los teatros en los que se han convertido los actuales mercados medievales y difundir las costumbres y tradiciones que poseían los pueblos de antaño de una manera objetiva, donde prime ante todo tanto la fidelidad histórica como la patrimonial, que representen oficios reales, pidiendo ayuda o fomentando la recuperación de una figura prácticamente olvidada, como son los Maestros Artesanos o, según la UNESCO los “tesoros humanos vivos”, término con influencia japonesa. Se puede representar cómo se vivía hace unas décadas, o unos siglos pero, por favor, siendo fieles a los oficios que existieron y que algunos aún persisten.


El patrimonio etnológico es uno de los patrimonios más olvidados, además de ser el menos valorado por las instituciones (que no establecen los presupuestos necesarios para su conservación y su difusión), relegándolo a patrimonio menor en relación a los demás. Esto acelera el riesgo que tiene el patrimonio etnológico de desaparecer o de solaparse con otros patrimonios, como el artesanal o el arqueológico.


A nivel social, el patrimonio etnológico es la “víctima” de la despreocupación social, del desconocimiento absoluto de nuestros antepasados y de la escasa sensibilización que se tiene por el entorno rural, relegándolo exclusivamente al factor turístico.
Intentamos por todos los medios borrar cualquier tipo de vinculación con el entorno rural y eso hace que poco a poco se pierda nuestra herencia, que el legado que se nos ha dejado desaparezca y, con ello, tradiciones, oficios, hábitos y modos de vida.

En España existe una ley principal que regula en cierta manera este tipo de patrimonio. Dicha ley es la Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español, donde dentro del Título VI, los artículos 46 y 47 solo hablan de su definición e integración.
Luego cada comunidad autónoma tiene sus propias leyes provinciales, como la Ley 14/2007, de 26 de noviembre, del Patrimonio Histórico de Andalucía o la Ley 1/2001, de 6 de marzo, del Patrimonio Cultural del Principado de Asturias.

Puede parecer que el patrimonio etnológico español está muy protegido, pero las leyes existentes solo se limitan a definirlo y a establecer qué entraría dentro de esta tipología y qué estaría fuera, pero no se establece un patrón de actuación adecuado para protegerlo. No se hace nada para salvarlo, y dudo que sepan qué salvar ya que cada día desaparecen pueblos y con ellos sus costumbres y tradiciones pero nadie hace nada al respecto. Los habitantes de estos lugares piden ayudas, piden subvenciones pero no son escuchados.

Como posibles soluciones propongo un estudio exhaustivo de las costumbres, folklore, oficios… que queremos que se incluya dentro de nuestro patrimonio etnológico, platos típicos regionales, ritos y festejos, indumentaria… hacer un estudio por comunidades y tratar y difundir esa información de una manera objetiva, hacer llegar a todo el mundo todo lo que podemos perder dejando de lado a las zonas rurales.
Hace 50 años era impensable y costosa una difusión fuera del entorno documental, pero actualmente con los medios digitales y tecnológico que poseemos, es posible una difusión más concreta y amplia.


Hace falta un conocimiento de las técnicas de trabajo de los oficios tradicionales, estimular la creatividad y el empuje comercial, estableciendo zonas de interés artesanal (localización de talleres) donde se recuperen trabajos que se realizaban antaño y que pueden recuperarse y aplicarse en concordancia con los oficios actuales.

La gran cuestión del tema que nos aborda es explicar la necesidad de que se sigan usando objetos preindustriales, que son mucho más caros y, en teoría, menos cómodos que los objetos artesanales.
Es decir ¿cómo podemos convencer de los valores profundos de los objetos artesanales como para que se asuman en la vida cotidiana actual? Es inevitable el desarrollo tecnológico que hemos sufrido durante las últimas décadas, que involucra cambios en sociedad, arquitectura… y en este tipo de sociedad parece ser que no hay cabida para objetos artesanales, y a veces se confunden con objetos como “el jarrón de una determinada tribu que solo trabaja con guano” o “una exquisita mesita estilo Luis XVI”… Creo que, el hecho de que sean objetos que reflejen muestras de vida que en la mayoría de los casos ya no existe, es un motivo suficiente para su conservación. Son objetos llenos de historia, de recuerdos… son los mejores libros de historia.
Quizás haya que conservarlos como un recuerdo venerable en casas y museos de identidad como algo "que nos explica el pasado" o habría que recuperarlos y actualizándolos sin caer en objetos “kitsch”, quizás asumiéndolos con naturalidad y haciéndolos convivir con los objetos industriales…

Debemos utilizar la Etnología como motor de desarrollo social para la recuperación de las raíces y de la identidad, que sirva como herramienta para combatir problemas actuales como el desempleo, la rotura de las relaciones de vecindad…

Un aumento de museos etnográficos locales o museos de identidad en los pueblos al borde del abandono y una recuperación y fomento de los bienes patrimoniales que poseen puede generar unos recursos que ayuden a ese pueblo a que salga adelante. En dichos museos se pueden albergar todo tipo de bienes etnográficos de dicha zona, artesanía, aperos, herramientas… pueden realizar charlas sobre los hábitos que tenían, los oficios… además se pueden crear departamentos a modo de escuelas taller con clases impartidas por Maestros Artesanos, y no por personal pseudo cualificado, para así continuar con el legado y con oficios que se han ido transmitiendo de generación en generación, siendo esto una inyección de empleo en la localidad, con la creación de pequeños talleres de diversos oficios.

Como conclusión, debemos pensar que una cesta, por ejemplo, antes de que la compráramos en una tienda, existía un oficio que era la cestería, que ese objeto estaba realizado a mano, sin la intervención de ninguna máquina. La mayoría de los objetos industrializados que tenemos alrededor, antes estaban hechos a mano sin la ayuda de ninguna máquina, salvo las manos y el cuerpo del “maestro”.

El patrimonio etnológico es nuestro legado… es nuestra herencia. Si no valoramos lo que nos ha sido transmitido de generación en generación desaparecerá una parte de nuestra historia, una historia que no aparece en ningún libro… perderemos la tradición.


No hay comentarios:

Publicar un comentario